“YO PUEDO SER JEFA DEL HOGAR, EMPLEADA O INTELECTUAL”

ALGUNOS APUNTES SOBRE LAS DESIGUALDADES EN LA MATERNIDAD EN EL SIGLO XXI

Mientras escribo este texto, he sido interrumpida innumerables veces. Por mi hija que necesita que le explique por qué la tierra no es plana, por la tetera que silba, por el almuerzo que hay que preparar, por la ropa que hay que colgar -otra vez mi hija enseñándome su baile de la victoria-, por el grupo de whatsapp del colegio que hay que silenciar, otro mensaje más de una mujer que no conozco preguntándome sobre el misoprostol, por el correo de trabajo que hay que responder, tres veces por mi suegra tratando de organizar el cumpleaños de mi suegro (por cierto, qué feas suenan esas palabras: no hay melodía ahí), otra vez por mi hija que no alcanza algo. Las maternidades son gozosas, contradictorias, dolorosas, agotadoras y, en ciertos contextos, hasta pueden ser colectivas; pero están siendo también tremendamente desiguales.

Reflexionaba sobre mis ancestras, sus maternidades y sus libertades. Para mi abuela, la libertad significó casarse con mi abuelo y tener la posibilidad de ser LA señora de la casa, no salir a trabajar y dedicarse a sus siete hijos. Para mi mamá, la libertad significó poder estudiar y trabajar (como aún hasta ahora lo hace, sin querer jubilarse) y poder cumplir algunos de sus sueños, mientras equilibraba su maternidad lo mejor que podía. Para mí, la libertad ha significado la posibilidad de poder hacer y estar donde yo quiero, y poder vivir de ello, siendo una madre de presencias intermitentes. Los sesenta nos trajeron una gran revolución: el uso de anticonceptivos y la posibilidad de decidir cuándo tener hijos (si es que los queríamos). Eso nos permitió la libertad de poder planificar nuestras vidas, retrasar el momento de tener hijos, poder estudiar más y ascender en puestos de trabajo, poder vivir solas, decidir si es que queremos casarnos. Hasta ahora suena bien, ¿verdad?

Vuelvo a mis reflexiones, esas que interrumpen mi mañana. La inexistente, y tan deseada, maternidad de Yerma es el principio y el fin de todas las convenciones sociales. Todo lo que transcurre en la obra podría bien transcurrir en pleno siglo XXI en mi barrio, en tu trabajo, a la vuelta de nuestras casas. Por ejemplo, Juan es como ese marido celoso que no te quiere en el espacio público, alternando con otras personas (léase, hombres), que guarda el honor de su casa, su familia y su apellido asegurándose de que no salgas. Las cuñadas de Yerma son como las convenciones sociales, dictando todo lo que debes hacer y cómo lo debes hacer, y siendo particularmente prolijas en señalar, levantando ese dedo acusador, aquello que haces mal. Son las que miran por encima de tu hombro, juzgando lo que haces, las que te regañan cada vez que te sales de la norma, cada vez que intentas pensar una forma muy creativa, muy tuya, de sobrevivir y ser mujer en este mundo. Las lavanderas son como esos interminables comentarios en redes sociales que te dicen qué tienes que hacer, cómo tienes que hacerlo, por qué lo que haces está mal hecho y que eres la peor madre de todas. ¿De qué libertad hablamos, entonces?

Somos el 50,8% de la población en el país, y en los últimos diez años la población femenina se ha incrementado en un 8,3%. ¡Cada vez somos más! La asistencia de mujeres a un centro educativo es ligeramente menor a la de los hombres y conformamos el 51,3% de la PEA en todo el país. Es decir, estamos accediendo cada vez más a educación y a puestos de trabajo.

Pero salgamos un poco de nuestra burbuja y nuestras facilidades. En este mundo, ser mujer y madre es complejo. Y estamos en pleno siglo XXI:
– Aún existe un mayor número de mujeres analfabetas con respecto a sus pares masculinos.
– El 86,4% de madres solteras tiene entre 12 y 14 años, con mayor incidencia en el ámbito urbano. Pero el INEI las llama niñas madres. NIÑAS MADRES.
– Hace unas semanas, una niña argentina de 11 años, violada por su padre, fue torturada y obligada a parir (cuando le correspondía, por ley, la interrupción legal del embarazo). Todos los médicos del centro de salud objetaron conciencia y decidieron no intervenir.
– En el 2009 sacaron de todas las farmacias públicas la píldora del día siguiente. Ahora solo la venden en farmacias privadas, para quien la pueda pagar.
– El aborto terapéutico en Perú es legal desde 1924; solo 90 años después se aprobó el reglamento que permitió su aplicación en todos los centros de salud del país. Y, sin embargo, las mujeres siguen encontrando dificultades para poder acceder a este aborto legal.
– Si no quieres tener hijos y estás casada, tendrás que pasar un examen psicológico para que se aseguren de que tan loca idea proviene de una mujer cuerda. También pedirán la opinión del esposo, y lo harán firmar su consentimiento.
– Casi ningún centro laboral tiene implementado un lactario y una cuna para madres con hijos pequeños. ¿Dónde los dejarán mientras trabajan?
– Casi 400 mil personas se desempeñan como trabajadoras del hogar. De ellas, el 20% trabaja en la informalidad, sin derechos laborales o beneficios, con sueldos menores al salario mínimo. Ellas cuidan a tus hijos, ¿y quién cuida a los hijos de ellas?

Entonces, ¿de qué libertad hablamos? Si no queremos ser madres, nos obligan a serlo. Si queremos serlo, nos dicen cómo serlo. Si amamos a lxs hijxs pero estamos arrepentidas de la experiencia, nos lapidan. Esa gran utopía que era la revolución sexual con los anticonceptivos, nos dio un portazo en la cara. Como dice la diosa Despentes, esa revolución sexual se olvidó de reorganizar aquello único que se asocia a la maternidad, los cuidados. Se olvidó de reorganizar mejores y masivas opciones de espacios de cuidado infantil y en pensar en la emancipación del trabajo doméstico (si así lo queremos) sin explotar a otras, por ejemplo. Sin esa reorganización, sin ese cambio en las convenciones sociales, sin esa búsqueda de maternidades igualitarias, donde haya elección y no destino, no podemos hablar de maternidades libres. La maternidad como elección y no como destino.

* Feminista, antropóloga, abortera e integrande de la Colectiva por la libre información para las mujeres.